Decimocuarta luna de Saturno.

Estándar

Te recordaré, bañada por las luces cálidas que se forman entre los prismas de humo,

Buceando entre la gente que alza sus miradas desde el barco neoplateresco que cruza el cielo de la Gran Vía,

Por cada anécdota que nos ha hecho cómplices de gestos, expresiones y miradas,

Entre las notas de cada canción repetitiva que aún no sabemos cantar

-a pesar de que la hayamos escuchado más de cuarenta veces.-

Y aunque ahora me ahogue la niebla, gritaré para sacar toda la humedad de mis pulmones, desempañando así los cristales de mis gafas para tener ideas más claras y pueda encontrarte en algún reflejo; creyendo que sigues estando a mi lado hasta que recuerde que mis brazos estén libres y el vacío de tus cosas me traiga a la realidad como un estruendo.

           No puedo admitir si realmente añoraba esta sensación: la falta de aire aquí, como si hubiese olvidado bajar las persianas antes de salir la última vez que quedamos en el metro; el empezar a flotar hasta que la gravedad sea un privilegio -igual que el oxígeno- que me aparte, disipándome hacia el horizonte sin remedio, -porque nunca me da la maldita gana-.

           A veces dudo de si en realidad la Tierra es solo un escenario donde juegan conmigo, desde siempre. Cada vez que salgo no termino de admitir que lo que vivo no es más que un pretexto para que alguien se entretenga viendo mis reacciones ante un puñado de actores en un escenario con carteles que al principio nunca entiendo.

Ya solo sé que no puedo correr, o que he salido disparada en el frenazo y ahora me veo a punto de partir, como un cohete en dirección a Titán.

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