Un poco más de nada

Estándar

Si se tiene que dar un factor para que se cumpla una condición, y éste no ocurre, se infiere que no habrá una consecuencia. Inequívocamente, el factor del tiempo influye en que este experimento sea válido, pero es un dato que se omite a través de la experiencia. Es así como la curiosidad se encoge a favor de la paciencia, que se estira como un chicle que acaba deshecho en tu lengua. Si lo dejas bastante tiempo, se convertirá en una arcilla arenosa que, si intentas tragar, te hará sentir enfermo.

Todos los experimentos deberían empezar al revés: con las posibilidades que pueden desencadenarse tras poner en marcha el proceso. Así podemos darnos cuenta de que todo sigue siendo posible, solo que esperamos que, aquello a lo que nos hemos acostumbrado, se mantenga. Es como si todos mintieran al decir que le gustan las sorpresas.

Tener un guión y ser capaz de salirte de él, con la intención de invertir mejor el tiempo de espera -o de desarrollo- es una de las claves para no caer en la decoloración. Es algo peligroso, pues primero afecta al oído, al tacto, al gusto, junto al olfato y puede llegar a infectar la vista. Llegado a este punto, hemos fijado un rumbo directo hacia el fondo de un pozo frío y oscuro.

Una vez allí, el cuerpo se ralentiza y el cerebro empieza a dar vueltas a todo aquello que no puedes ver con La Luz encendida. Se anula el movimiento y con ella se pierde la reacción. En este punto es preciso cerrar el la tapa y no volver nunca ahí dentro. Solo se necesita haber sido capaz de prever el punto y final antes de encajar resultados en clasificaciones que no les corresponden.

Es por tanto que no me fío de los estudios si no hay una manera de saber cómo se ha desarrollado el proceso creativo,. Esto puede resultar frustrante cuando uno se da cuenta de que aún hay muchas cosas que no se entienden en el planteamiento. Pero eso es lo bonito de las ideas: pueden coincidir, sorprender e iluminar por un momento y crear un pensamiento que nunca habría llegado de esa manera, en ese momento.

Hay idiomas de tiempo y otros de espacio visual y movimiento. Lo encuentro curioso porque parecen dos puntos de vista de una misma cosa, tanto de lenguaje como de lo anteriormente mencionado. Es curioso cómo las preposiciones son precisamente aquellas que fijan el lenguaje y cómo su nombre no cita explícitamente que tienen una razón de ser. Simplemente deben dar consistencia, forma, sentido y significado. Al orden, al mando de una idea que nunca podrá corroborar su correspondencia salvo a base del convencimiento de que cada una de las palabras están en escritas en el mismo ángulo.

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